Saludo del Obispo - Publicado por Pablo Sazo el 03/01/2012 | Episcopal

Amados (as) en el Señor:

Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.

En nuestro último día del año 2011 deseo compartirles cuán importante es hacer un alto para agradecer. Eclesiastés dice que “todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad” (3:1 RVC). Yo quiero:

Agradecer a nuestro Dios, en cuya fidelidad, que nunca falla, nos sustentamos y nos movemos. Y él nos ha permitido guiar su Iglesia a pesar de nuestras debilidades.

Agradecer a Uds. que me acompañan en la Proclamación de la Palabra de Dios, en la Edificación del Cuerpo de Cristo y en el Servicio al Prójimo. De esta forma hacemos posible que nuevas personas conozcan al Señor, que en sus vidas encarnen a Cristo y se transformen en agentes de servicio en su reino.

Agradecer a mi familia, en especial a mi esposa Myriam, que me acompaña en este llamamiento santo dado por Dios.

Invitarlos a que me acompañen a redoblar nuestro tiempo con Dios, en oración y su Palabra. Se anticipa que el año 2012 será un año muy complicado en lo económico e incluso tienen anunciado el “fin del mundo” (¿?). Que estos acontecimientos nos sirvan para entregar paz, ánimo y esperanza en Cristo.

Al finalizar un año más, me uno a las palabras de Samuel, un juez, profeta y sacerdote, quién después de recibir Arca de Dios de manos de los Filisteos y tener las constantes amenazas de ellos, llamó al pueblo de Israel a volverse de todo corazón al Señor y dejar los dioses ajenos. En conmemoración de esto, Samuel toma una piedra y le pone por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó el Señor” (1 Samuel 7:12). Todos nosotros estamos en constantes luchas contra las fuerzas del maligno que nos quieren quitar el gozo y apartar de los caminos de Dios y así dejar de cumplir con la misión que el Señor nos ha encomendado. Pero al finalizar esta año 2011, decimos igual que Samuel Eben-ezer: hasta aquí nos ayudó el Señor y sobre esta base nos ayudará a vencer el 2012 y todos los años que el Señor nos tenga con vida mientras aguardamos su Segunda Venida.

Vuestro Obispo,

Hector