DESAFiO_PARA_LA_IGLESIA_DELXXI

 

FE Y TECNOLOGÍA

Me encantan las novedades tecnológicas, al igual que a un gran porcentaje de hombres, cuando abro un catálogo, o primero que busco son los nuevos aparatos, cachivaches y computadores que me podrían interesar (aún cuando el 99% de las veces no puedo pagarlos). No sólo son los aparatos los que llaman la atención; cuando todo el mundo se queja de los cambios en Facebook, yo los celebro, Soy de los pocos que maneja una cuenta Google+, LinkedIn, Instagram, Flikr, Flipboard, y Twitter, etc. todo al mismo tiempo. Y eso sumado a los diferentes dispositivos; teléfono (probablemente más inteligente que yo), tablet y computador, llega el minuto en el que en verdad hay que preguntarse si manejar todo esto está bien o no, si efectivamente administro mejor mi tiempo o no, y si no me estaré friendo el cerebro.

NO TODO CONVIENE, NO TODO APORTA;

y creo que en cuanto a la tecnología esto es algo que me parece cierto. Cuando vamos a las escrituras (de donde sacamos nuestro conocimiento de Dios) no vemos al Apostol Pablo (quien escribió gran parte del Nuevo Testamento) refiriéndose al uso apropiado de los dispositivos móviles y cómo manejar una cuenta de Facebook. En 1 Corintios (una del las cartas escrita por el, que la puedes encontrar en el Nuevo Testamento) usa esta expresión un par de veces (6:12, 10:23) para establecer un principio de ética cristiana; para generalizar (si me permiten) el principio diríamos que en las áreas donde la Escritura no establece si algo es bueno o malo debo preguntarme si tal cosa es provechosa y/o edificante. Lo bueno de este principio es que me hace pensar no sólo en mi y en mi propia santificación, sino también en la de los demás. Pablo aplica este principio específicamente a la santificación y la idolatría, teniendo en mente sobre todo a los más débiles.
Entonces si llevamos este sencillo principio a los desafíos de la tecnología, podemos hacernos un par de preguntas más especificas que nos van a ayudar a enfrentar el tema con mayor sabiduría.

1) DE QUIÉN SOY SIERVO

Uno de los grandes problemas de la tecnología y uso de las redes sociales es el de la idolatría; le damos un lugar de más estima en nuestra vida y nuestro tiempo que a Dios mismo. Eso lo vemos reflejado en el hecho de que aún cuando queremos metemos sólo un minuto, terminamos 15, 20, 30 a más minutos dando vueltas por Facebook, YouTube o lo que sea. ¿Por qué? Por que en lugar de yo tener dominio de esas cosas, son ellas las que tienen dominio de mí. Y la verdad de fondo es que mientras pasa el tiempo, nos vamos dando cuenta de que en realidad no queremos dejar de hacerlo. El aparato está teniendo dominio de mi corazón.

Dios merece toda nuestra atención, y servicio en todo lo que hacemos, y además vale mucho más la pena servir a Dios que a los ídolos. Pero la triste realidad es que inclinamos más nuestra cabeza para revisar el teléfono que para orar.

2) CON QUIÉN ME RELACIONO

Ya sea en las redes sociales, o en los dispositivos, se genera una falsa imagen de la persona con la que me estoy relacionando. En las redes la información que publicamos tanto como la que recibimos, es una información selectiva, y por muy honesta que sea la selección siempre será sólo una parte de la realidad. Créanme, no es posible ser amigo de una persona de la que conoces sólo 140 caracteres.

Dios nos enseña que necesitamos de una relación profunda con las personas, sino, jamás llegaremos a perdonarnos y llevar nuestras cargas unos a otros. No recordar esto va a afectar nuestros matrimonios, nuestra crianza, nuestras comunidades cristianas, nuestro evangelismo, etc. Si sólo vamos a mostrar nuestro “buen perfil” nunca vamos a llegar al corazón de otros, o ellos al nuestro.

3) A QUIÉN ESTOY EDIFICANDO

Por último pensemos en los demás. La edificación es un termino en el que nos preocupamos en el crecimiento de otros, Pablo lo usa para referirse a la enseñanza de la iglesia (1 Corintios 3:10-12), para el beneficio de otros en el uso de los dones, sobre todo los que exhortan y consuelan (14:3). ¿Estamos realmente buscando animar a otros con las redes sociales? ¿O es que quiero atención y yo ser animado? O a través de los dispositivos móviles, donde me puedo esconder, y no tratar con alguien hasta cuando yo quiera, en lugar de hacerlo cuando el otro está en necesidad.

Entonces en nuestro uso de la tecnología tengamos siempre en el corazón este principio y que “No salga de [las redes sociales] ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan [o leen].” (Efesios 4:29)

 

PR. FELIPE CHAMY
IGLESIA DE PROVIDENCIA
SEPTIEMBRE, 2013

Author: IACH

One Response to "DESAFÍO PARA LA IGLESIA DEL S. XXI"

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