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Casi todos nuestros feriados nacionales celebran acontecimientos nacionales o hitos religiosos significativos. Los religiosos incluyen: Navidad, Viernes Santo, San Pedro y San Pablo, etc. mientras los nacionales conmemoran hechos fundacionales de la nación, tales como la Independencia y el Combate Naval de Iquique.  Son dos las excepciones: el 1 de mayo (Día del Trabajo) y el 31 de octubre (Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes).  Estos dos feriados celebran sectores de la nación que en el pasado fueron despreciados y marginados socialmente, y representan un reconocimiento que, tal vez, debería haberse realizado antes.

¿POR QUÉ EL 31 DE OCTUBRE?

Las Iglesias evangélicas y protestantes encuentran su origen humano en el pensamiento y ministerio de Martín Lutero, un monje alemán y docente universitario con corazón de pastor.  En ese día del año 1517, Lutero hizo un trámite rutinario que cambiaría el mundo: dio aviso de un debate académico sobre ciertos problemas pastorales clavando a la puerta de la iglesia, el diario mural de la comunidad, noventa y cinco tesis en latín (proposiciones para ser defendidas en las aulas universitarias).  Las tesis fueron copiadas y traducidas al alemán y repartidas ampliamente a través de los estados alemanes.  Encontraron mucho apoyo y dieron el primer empuje a lo que se conocería como la “Reforma Protestante”.  Hoy en muchas partes del mundo la fecha se conmemora como el “Día de la Reforma”.

 

LA EXPERIENCIA FUNDAMENTAL DETRÁS DE LA TESIS

Lutero se había hecho monje a fin de encontrar paz con Dios mediante una vida disciplinada, pero el sistema monástico no le entregó lo que buscaba.  Sentía que sus esfuerzos para cumplir la voluntad de Dios y satisfacer sus demandas no fueron suficientes para ganar la aprobación del Juez Divino. Y entonces, mientras enseñaba cursos bíblicos en la Universidad de Wittenberg, Lutero descubrió en los escritos de Pablo la doctrina de la justificación por la fe: no es posible ganar o merecer el favor de Dios mediante hechos u obras; él aprueba y acoge a los que tengan fe en Cristo.  A través de esta doctrina, Lutero encontró la paz que anhelaba.  En este proceso, Lutero se percató que los seres humanos no colaboran con Dios en la obra de salvación. La iniciativa proviene solamente de Dios, que actúa con misericordia y gracia.

Describió así su experiencia: “aunque fui monje impecable, me presenté delante de Dios como pecador con la conciencia perturbada, no tenía ninguna confianza que mi mérito le satisficiera. Por lo tanto, no amé a un Dios justo y enojado reflexioné hasta ver  la relación entre la justicia de Dios y la afirmación que ‘el justo vivirá por su fe’.  Entonces entendí que la justicia de Dios es aquella por la cual Dios a través de la gracia y la pura misericordia nos justifica por la fe.  En ese momento, sentí que había nacido de nuevo y entrado por las puertas abiertas al paraíso.”

¿POR QUÉ TANTO REVUELO?

En el pensamiento popular las puertas del paraíso se abrirían solamente cuando el cristiano hubiera adquirido mérito suficiente a través de siglos de sufrimiento remediador en el purgatorio.  Sin embargo, hubo un atajo: las indulgencias que, por una consideración monetaria, les traspasaron al cristiano común y corriente algo del excedente de los méritos de los grandes santos para completar el mérito necesario para entrar al cielo.  Lutero quiso que todos conocieran la paz con Dios que él ya tenía y muchas de sus tesis criticaron este abuso.  Encontró apoyo de dos tipos.  Los alemanes en general ya se estaban quejando por la fuga de dinero, porque gran parte de la plata fue llevada a Roma, y los pastores y académicos acogieron los planteamientos teológicos de Lutero por su coherencia intelectual.  El debate se extendió al tema de la autoridad máxima en la Iglesia: ¿se encuentra en la jerarquía (y, en última instancia, el Papa) o la Biblia? Lutero y otros optaron por colocar las Escrituras por encima de la jerarquía y las doctrinas recibidas como tradicionales, ocasionando otro terremoto intelectual.  Así se formularon las tres afirmaciones medulares de la fe y práctica de las iglesias evangélicas y protestantes: “Sólo por la Fe”; “Sólo por la Gracia”; “Sólo por la Escritura”.  A veces, se agrega otra frase: “Sólo por Cristo”.

Sean tres lemas o cuatro, el 31 de octubre de 1517 vio el comienzo del sufrido camino hacia la formulación de los principios centrales que han animado a los evangélicos y protestantes durante los últimos quinientos años y, por lo tanto, ese día se conmemora el aniversario del Día de la Reforma, que ha quedado estampado en el calendario nacional.

PR. JOHN COBB

 

Author: IACH

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