EL DILEMA DEL ATEO MATERIALISTA

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Nuestras “opiniones valóricas” ¿son producto del comportamiento de los átomos de nuestro cerebro sin referencia a ninguna realidad?

neuroscimontage454x417Ser ateo implica renunciar a toda pretensión razonable de apelar a valores “objetivos”; es decir, valores que obligan a otros. El célebre ateo Alfredo ayer declaró que los juicios de valor no pueden ser ni verdaderos ni falsos, sino que son la exteriorización de sentimientos o emociones. No le quedó otra opción. Si todo cuanto existe como objeto en este universo es una aglomeración fortuita de partículas físicas entre muchísimas que siguen las pautas rígidas de las leyes científicas, los seres humanos en general, y nuestros cerebros en particular, no pueden escapar del círculo cerrado del determinismo estadístico de las ciencias naturales. Por tanto, nuestras “opiniones valóricas” son producto del comportamiento de los átomos de nuestro cerebro sin referencia a ninguna realidad.

Podría objetarse que logramos movernos exitosamente en el mundo real. De acuerdo, aparentemente, nuestros cerebros se desarrollaron de modo que pueden detectar cómo son las cosas en nuestro alrededor. Sin embargo, para poder hablar de valores, requerimos saber cómo deben ser las cosas. No hay forma coherente de determinar lo que debe ser el caso cuando sólo se parte con información pertinente a una situación existente.

Son igualmente débiles otros enfoques actuales. Muchos afirman hoy que todos los valores son culturales. Si por eso quieren decir solamente que en la tierra no existen valores independientes de una cultura (o subcultura) específica, estoy de acuerdo. Pero, las culturas difieren mucho entre sí, y las preguntas claves llegan a ser: “¿Cómo podríamos decidir racionalmente entre los valores ostentados por una u otra cultura?”. Solamente las religiones monoteístas y posturas afines a ellas gozan de bases sólidas y racionales. Ellos sostienen que el universo debe su origen a un creador que lo estableció para conseguir fines determinados, y éstos encuentran eco en la creación. Entonces, lo que avanza esos fines es bueno, y lo que los impide es malo. De ser así, no les corresponde a los seres humanos definir por antojo propio lo bueno y lo malo, sino descubrir los valores establecidos por el creador mediante el estudio de la creación y de las posibles revelaciones divinas más directas que haya.

Muchas veces, los valores se imponen mediante el uso de fuerza, sea ésta suave, por presiones sociales y sanciones legales, o brutal, mediante la conquista y la dictadura. El materialista no puede objetar el uso de la fuerza por parte de una mayoría o de una minoría potente para imponer su propio esquema de valores. Si todos fuéramos conjuntos fortuitos de átomos, como suponen ellos, las víctimas no tendrían más derecho de pataleo que los sobrevivientes de una colonia de hormigas que ha sido pisoteada por un elefante al deambular por la selva.

A mí como cristiano, mi fe me obliga a ver a cada ser humano como objeto del amor de Dios, quien envió a su hijo para rescatarlo y regalarle vida en plenitud, la cual depende del reconocimiento de los valores fundamentales establecidos por él, y enraizados en el universo. De ser así, hay que descubrirlos objetivamente sin pretender crearlos a nuestro antojo. En caso contrario, sería irracional deplorar la guerra en el Medio Oriente, las matanzas de Boko Haram en Nigeria, la circuncisión femenina, o la pedofilia: lo que pasa no sería más que choques múltiples entre pequeños conjuntos pasajeros de átomos.

PR. JOHNN COB

Author: IACH

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