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A la Iglesia Anglicana de Chile:

Gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

El propósito de este comunicado es dar a conocer qué rol queremos tener en el proceso de reconciliación en nuestro país, producto de la conmemoración de los 40 años del 11 de septiembre de 1973, y en relación a la misión que el Sínodo 2009 nos encomendó “Por la Causa del Reino.”
Para ninguno de nosotros es desconocido que al interior de nuestras comunidades tenemos miembros que, apasionadamente, rechazaron al régimen militar y otros que lo apoyaron.

AMBOS GRUPOS FUERON ESCUCHADOS Y ACOMPAÑADOS POR SUS PASTORES, AL TIEMPO QUE FUERON INVITADOS A SER CADA DÍA MÁS COMO JESÚS, EL CRISTO, Y MEJORES CIUDADANOS DE NUESTRO PAÍS.

Esta realidad continúa hasta el día de hoy.
Lamentablemente, a 40 años de ocurridos estos sucesos, nuestro país todavía tiene heridas abiertas y se vive un clima de desconfianza y división. Aunque siempre están presentes palabras como justicia, verdad, reconocimiento y perdón, una verdadera reconciliación se ve todavía lejana.

En aquel entonces, la Iglesia Anglicana de Chile era un pequeño puñado de congregaciones, principalmente en las ciudades de Temuco y Valparaíso, mientras que en Santiago su presencia era casi nula, habiéndose fundado una sola Iglesia, en Renca.

En la medida de sus posibilidades, la labor de nuestra Iglesia, en esos días turbulentos que siguieron al 11 de septiembre de 1973, fue acompañar a víctimas y -en algunos casos- también a victimarios. Tenemos testimonios de que los obispos, pastores y laicos visitaron a los presos políticos en las cárceles, prestaron ayuda silenciosa a víctimas de la persecución, y en no pocos casos, ayudaron a sacar a personas fuera del país. Internacionalmente, la Iglesia Anglicana también jugó un rol, especialmente la Iglesia de Canadá, apoyando financieramente a la Vicaría de la Solidaridad que, dicho sea de paso, se llamó originalmente Vicaría de la Solidaridad Ecuménica, ya que fue fundada por líderes de distintas iglesias evangélicas, en conjunto con la Iglesia Católica.

En medio de las presentes conmemoraciones, queremos proponer que este mes sea uno de evaluación personal y como Iglesia. La misión de Jesús consiste en impartir amor, misericordia y servicio a nuestro entorno, cualquiera sea el costo. A la iglesia se le encomendó el ministerio de la reconciliación entre Dios y los hombres, pero ese ministerio también es uno de reconciliación entre seres humanos. Debemos estar conscientes que esto nos obliga a pensar seriamente en nuestro rol como agentes de paz y reconciliación en nuestro país. ¿Se pudo haber hecho más a nivel corporativo, a pesar de haber sido una iglesia pequeña? ¿Y a nivel personal? Estas son preguntas que queremos que estén en sus corazones y mentes en esta reflexión, porque son necesarias para la misión que queremos desarrollar en Chile en las siguientes décadas.

 ¿QUÉ PODEMOS HACER DE AQUÍ EN ADELANTE? ¿PODEMOS LOS ANGLICANOS CONTRIBUIR EN ALGO A MEJORAR ESTE CLIMA ADVERSO QUE ESTAMOS VIVIENDO? LA RESPUESTA ES SÍ.

Tenemos algunas ideas que nos pueden ayudar a ser agentes de reconciliación:

  •  HOY MÁS QUE NUNCA CHILE NECESITA A DIOS.

El Señor es el único que nos puede ayudar a salir de este túnel oscuro en el que estamos todos. Entonces, hagamos lo que sabemos hacer: oremos comprometidamente por nuestro país y sus autoridades, sin importar su color político. El Señor ya nos ha dado muestras de su poder ante situaciones como estas. Por ejemplo, en nuestras congregaciones y ministerios, en más de una ocasión se encontraron personas que participaron activamente en ambos bandos, y aunque al comienzo la situación fue muy tensa, con Cristo fue posible la reconciliación entre ellos, terminando con un abrazo sincero y esperanzador.

  • SIGAMOS ACOMPAÑANDO Y AYUDANDO A NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS QUE AÚN SUFREN.

Durante estos últimos días los medios de comunicación nos han llevado al pasado con numerosas recreaciones y reportajes de lo acontecido hace 40 años. Eso es bueno para sacar lecciones a partir de lo ocurrido, pero si no hay una mirada de futuro, esas imágenes producirán más dolor, heridas, odios, rencores, etc. Les invitamos a acompañar a aquellos que aún están sufriendo: ayúdenlos a poner su esperanza en Cristo, que puedan sanar su amargura de corazón y encontrar el gozo cristiano.

  • PIDÁMOSLE AL SEÑOR QUE LEVANTE LÍDERES-SIERVOS QUE TRABAJEN POR LA RECONCILIACIÓN DE NUESTRO PAÍS.

A este respecto, el modo en que Sudáfrica logró la reconciliación luego del régimen del Apartheid puede iluminarnos: Dios levantó al Arzobispo Desmond Tutu, quien trabajó arduamente por el acercamiento entre blancos y negros, a Nelson Mandela, quien sufrió persecución y estuvo 27 años preso pero, cuando logró su libertad y fue elegido presidente, no buscó venganza ni violencia sino que trabajó por la reconciliación de su país y a Frederik de Klerk, líder blanco que, enfrentando la crítica de su propia gente, también luchó por la abolición del Apartheid.

Chile necesita un líder que haya sufrido por las violaciones a los Derechos Humanos y esté dispuesto a trabajar por la reconciliación en forma pacífica, un líder de entre los militares que esté dispuesto a declarar por la verdad de lo ocurrido y que entregue la información que tanto se solicita con respecto a los detenidos desaparecidos, y un líder cristiano que aporte sus convicciones espirituales y trabaje por el verdadero sentido de la reconciliación. Sin estos tres elementos la reconciliación será muy difícil, pero podemos rogar a Dios que obre también de esta manera en nuestro país.

Que Dios haga realidad la Oración de Francisco de Asís en nosotros:

“Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor…

donde haya discordia, ponga yo unión…”

HÉCTOR ZAVALA MUÑOZ
OBISPO DIOCESANO
IGLESIA ANGLICANA DE CHILE

Author: IACH