¿CUÁL ES EL APORTE DE UNA IGLESIA HISTÓRICA A UN PAIS RELATIVAMENTE JOVEN COMO CHILE?

Categories: COLUMNAS,NOTICIAS,Uncategorized

Ultima cena

 En el siglo XVI, durante la reforma protestante, las iglesias nacionales de algunos principados alemanes, de Inglaterra, de Ginebra y de Escocia cortaron sus lazos con Roma convirtiéndose en instituciones autónomas pero con un aprecio notable de sus raíces en el pensamiento y doctrina de los cristianos de los primeros siglos, actitud que ha quedado arraigada en muchas partes de las iglesias luteranas, anglicanas, y presbiterianas / reformadas hasta el día de hoy. Puede ser algunos autores extiendan el término a otras iglesias; sin embargo, estas tres denominaciones comparten dos rasgos importantes. Siendo iglesias de todo un estado, valoraban en cuanto fuese factible el consenso y la unidad, y además mantenían contacto con el pensamiento de las generaciones anteriores de cristianos y con la cultura en general.

PUNTO DE PARTIDA

La Iglesia actúa siempre a través de personas; pero el mero hecho de ser miembro de una iglesia histórica no garantiza en absoluto que alguien sea capaz de hacer un aporte valioso al país. Es imprescindible que su fe no sea una reliquia histórica o costumbre cultural, sino una confianza auténtica en Jesucristo como Señor la cual ha resultado en la transformación de su vida y pensamiento. No obstante, donde existe esa fe genuina, el miembro de una iglesia histórica llevará a los problemas actuales, tal vez inconscientemente, una herencia de actitudes y puntos de vista que le permitan trabajarlos de forma distinta y constructiva.

TEMAS CONCRETOS

En lo directamente cristiano, un acercamiento distinto a la persona de Jesucristo según el estilo protestante pone interrogantes contra las creencias que se dan (o, por lo menos, se daban) por sentado en la cultura mayoritaria chilena, la católica. Algunas creencias aguantan el cuestionamiento, otras son enriquecidas bajo el estímulo de enfoques alternativos. Por ejemplo, años atrás los laicos católicos no vieron la importancia de leer y conocer la Biblia, hoy muchos tienen el hábito de la lectura diaria.

En cuanto a la sociedad en general, la perspectiva distinta aportada por las raíces históricas particulares de las iglesias históricas podría ser muy productiva. A modo de ejemplo, oficialmente Chile es un país democrático, pero su pasado demuestra que la democracia es a veces frágil y potencialmente inestable. Para funcionar bien, requiere de una robusta mentalidad muy difundida de “fair play” socio-político que se expresa en acciones concretas. Históricamente, esta actitud tiene raíces en la cultura religiosa protestante y su enseñanza sobre respeto que el cristiano debe a su vecino, es decir, al otro –sea quien sea. El corazón de la democracia no se radica en un sistema, sino en las personas que lo hagan funcionar. En ausencia de una actitud muy específica y resoluta frente a los roces y tensiones de la convivencia nacional dispuesta a vivir los valores democráticos. Las iglesias históricas podrían aportar personas capaces de hacer esto como consecuencia de su compromiso con Cristo, el ADN espiritual apropiado puede encontrarse en su pasado.

¡CUIDADO!

Es perfectamente posible que la cultura mayoritaria chilena ilumine algunas debilidades de las iglesias históricas. Todas las iglesias existen para servir al otro: la humildad debe vencer al triunfalismo. Dejemos la última palabra a Jesucristo: “el que quiera ser el primero entre ustedes, deberá ser su siervo” (Mateo 20:27)

JOHN COBB

PASTOR ANGLICANO

Author: IACH

Deja un comentario