“Silencio”: Cuando Dios parece callar

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Por Diego Pacheco
Estudiante de Centro de Estudios Pastorales
 
 

El Lunes 13 de Marzo recibimos una invitación de la Fundación Brotes para asistir como Centro de Estudios Pastorales de la Iglesia Anglicana de Chile a la Avant Premiere de la película “Silencio” del director Martin Scorsese.

La película narra la experiencia de dos misioneros jesuitas en medio de una brutal persecución contra los cristianos en Japón; la experiencia de ellos contrasta el terrible sufrimiento de esta persecución con el aparente silencio de Dios.

El clamor humano en “Silencio”

“Silencio” levanta un conflicto desgarrador y real en la experiencia humana; el tema del sufrimiento y la injusticia. A menudo encontramos quienes se preguntan ¿por qué Dios guarda silencio frente a la injusticia?

El aparente silencio de Dios en medio del sufrimiento y la opresión es un enigma aún mayor para quienes creen en un Dios soberano; que tiene control sobre cada milímetro del universo en cada microsegundo de la historia y que además es un Dios Amoroso; que promete cuidarnos y protegernos del mal.

La perspectiva humana es el gran hallazgo de “Silencio”. Nos permite comprender el dolor y la confusión que miles han experimentado en la historia de la iglesia; sin embargo, nos alerta también de la necesidad de hacer lo que los apóstoles hicieron con la iglesia primitiva: preparar al pueblo de Dios para entender el sufrimiento a la luz del Evangelio.

El silencio divino en “Silencio”

El gran silencio de “Silencio”, de hecho es Dios. Excepto un par de veces donde en a película  una voz habla a los protagonistas, el relato se lleva a cabo sin la intervención de Dios. Sin duda, es posible para Dios consolar el corazón de Su pueblo en medio del sufrimiento, sin embargo, ¿será realmente un mensaje audible lo que necesitamos en el sufrimiento?, o ¿verdaderamente creemos en un Dios que calla frente a nuestro dolor?

¿Tenemos un Dios mudo? 

El libro de Hebreos comienza con estas palabras:

“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo.” (Hebreos 1.1-2)

Dios no guarda silencio. Él nunca ha guardado silencio. Muy por el contrario: Él ha hablado muchas veces, de muchas maneras. Sin embargo en estos días Él ha decidido hablar definitivamente en Su Hijo. Si Dios ha hablado muchas veces, esta vez habló fuerte y claro para que todos pudiéramos oírlo.

¿Qué dijo Dios en Jesús?

El apóstol Pablo lo expresa así en su carta a la Iglesia en Roma:

“Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5.8)

El apóstol Juan lo enfatiza así:

“En esto conocemos el amor: en que Él puso Su vida por nosotros…” (1 Juan 3.16)

El empeño de los apóstoles por pastorear y consolar a la iglesia perseguida no estuvo puesto en apuntar a las señales que Dios pudiera darles, ni tampoco hacia la intervención divina de sus circunstancias particulares. Los apóstoles instaron a la iglesia a mirar hacia atrás, a la cruz de Cristo; sólo en ella comprendemos que no estamos desamparados, sólo en ella somos convencidos del amor de Dios por nosotros, sólo en ella encontramos el marco adecuado para interpretar la experiencia del dolor.

Conclusión

Cuando miramos a la cruz vemos que Dios se hizo cargo de la injusticia, Él decidió no sólo salvarnos de las circunstancias particulares que tenemos en frente, Él decidió proveer en Cristo salvación definitiva y segura para Su pueblo. En la cruz Él pagó el precio de la injusticia (1 Pedro 3.18), y en la cruz fue constituido Juez para juzgar la injusticia definitivamente (Hechos 10.42).

La iglesia cristiana no tiene su esperanza en la posibilidad remota de cambiar sus circunstancias, la iglesia de Cristo tiene su esperanza puesta en la seguridad de su eternidad con Jesús. En la cruz de Cristo, Dios puso su firma y su sello en nuestra salvación. Y es allí donde debemos buscar nuestro consuelo en días oscuros.

¿Cuál es, entonces, tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?

El catecismo de Heidelberg, responde:

“Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me libró del poder del diablo, satisfaciendo enteramente con preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer. Más bien, es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y preparado para vivir en adelante según su santa voluntad.”

¿Qué necesitaban recordar los protagonistas de “Silencio” entonces?, ¿Qué necesitamos recordar nosotros cuando nos parece que Dios guarda silencio?

Que Él no guarda silencio en nuestro sufrimiento, que Él habló en Jesús. Estando en Él y en Su cruz, Dios nos asegura definitivamente Su amor y cuidado eterno.

Miremos nuevamente a la cruz entonces y encontremos allí el consuelo que sólo nuestro Buen Pastor puede darnos.

Este artículo, fue escrito por Diego Pacheco en su blog “El Camino del Aprendiz”.
Diego es estudiante de tercer año en el Centro de Estudios Pastorales de la Iglesia Anglicana de Chile.

 

Author: IACH

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